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Larisa Latynina vs Michael Phelps: la carrera por el trono olímpico

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En la historia de los Juegos Olímpicos, dos atletas legendarios, representantes de potencias deportivas en distintos años, se disputaron el puesto del máximo ganador: Latynina vs Phelps.

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Establecer que un deportista olímpico es mejor que otro solo por el número de medallas conseguidas podría ser considerado como injusto, esto debido a que no todos los atletas tienen la misma oportunidad de cosechar preseas.

Aún así, teniendo en cuenta el punto señalado, es inevitable voltear a ver el medallero histórico y no reconocer que los máximos ganadores se perciben en un escalón por encima del resto. Y en la historia de los Juegos Olímpicos hay dos nombres que destacan: Larisa Latynina y Michael Phelps, la gimnasta contra el nadador, ambos atletas pero de distintas épocas.

Acostumbrados históricamente a competir por ideales políticos, tecnología o economía, la URSS y Estados Unidos encontraron en los nombres de Larisa y Michael, sin quererlo ni buscarlo, su competencia más sana, aplaudida y, quizá, longeva de todas, gracias a sus participaciones olímpicas, mismas que comenzaron en Melbourne 1956 con la gimnasta como protagonista.

Latynina creció a la par que se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial y, cuando tenía 11 años, perdió a su padre en la Batalla de Stalingrado que enfrentó al ejército de la URSS y la Alemania nazi, por lo que encontró refugio en el ballet y posteriormente en la gimnasia, donde se convertiría en una de las más grandes representantes de la historia.

Con 21 años, Latynina hizo su presentación en unos Juegos Olímpicos y lo hizo de manera excepcional, sorprendiendo al mundo entero. En Melbourne, la gimnasta soviética se colgó cuatro medallas de oro, una de plata y una de bronce.

En un abrir y cerrar de ojos Larisa ya tenía seis preseas olímpicas, mismo número que repetiría en Roma 1960. Esta vez dividido en tres oros, dos platas y un bronce. A estas alturas, la gimnasta ya contaba con 12 medallas, pero a su carrera olímpica le faltaba una ‘rutina’ más. La presentación final.

Cerca de los 30 años, ya con una edad avanzada para el mundo de la gimnasia -incluso en la actualidad- Larisa confirmó que estaba hecha de otra pasta, de esas que solo las leyendas entienden. Seis medallas más en Tokyo 1964 cerraron su cuenta personal con número nunca antes visto y que parecía imposible de superar: nueve oros, cinco platas y cuatro bronces para un total de 18. En ese momento la diosa de la gimnasia artística se encumbraba en lo más alto no solo de su deporte, sino del trono olímpico.

El tiburón al acecho

Después de Latynina, en la historia del olimpismo se grabaron grandes nombres con letras de oro: Comaneci, Spitz, Lewis, Kato, Scherbo o Andrianov son atletas que brillaron en diferentes Juegos Olímpicos e incluso algunos de ellos están en la parte alta de entre los más ganadores; sin embargo, pese a lo pletóricas que fueron sus carreras, ninguno de los mencionados logró igualar a la gimnasta soviética, y lo más cercano a sus 18 medallas fueron las 15 preseas que consiguió Nikolai Andrianov (también gimnasta) entre 1972 y 1980.

Conforme pasaban los años y los Juegos Olímpicos se hacían cada vez más competitivos, el récord de Larisa lucía cada vez más inalcanzable, pero la historia cambiaría drásticamente solo unas décadas después, exactamente a las puertas del nuevo milenio.

En Sídney 2000, un jovencito de solo 15 años se convirtió en el nadador más joven en presentarse en los Juegos Olímpicos y, tal vez motivado por la falta de triunfos, en esos momentos pocos pudieron vislumbrar en lo que se convertiría. Michael Phelps entraba a escena

Para Atenas 2004, con 19 años, Michael dio el golpe en la mesa para advertir lo que se venía. Seis oros y dos bronces fueron su cosecha, una que para cualquier deportista sería todo un sueño, para el Tiburón de Baltimore fue apenas el comienzo de su ascenso a lo más alto del olimpo.

Phelps, el hombre récord

El momento cumbre de Phelps en su carrera se dio en Beijing 2008. En esta edición, Michael dejó sin palabras al mundo entero al sumergirse en la alberca ocho veces y, en cada una de ellas, salir con la medalla de oro en sus manos. Un pleno de victorias nunca antes visto (Mark Spitz logró siete en Múnich 72).

Con sus ocho medallas de oro en territorio chino, más sus ocho de Atenas, Michael batía de forma contundente el primer récord a manos de Larisa (empatada en ese momento con Paavo Nurmi, Spitz y Lewis), quien ostentaba 9 preseas doradas. Por supuesto, la felicitación, digna de la clase de la gimnasta, no faltó.

“Has destrozado todo tipo de récords con un carácter olímpico verdaderamente inspirador. Mucha gente en el mundo se habrá conmovido enormemente con tus logros y esto es un verdadero legado.

“Cedo mi récord por el maypr número de medallas olímpicas de oro con honor, porque estoy segura de que ambos compartimos el amor por la competición y una admiración sin límites por la excelencia”, le dijo Larisa a un Michael que aún tenía historia por hacer.

Para Londres 2012, con todo el mundo consciente de que el récord de medallas de Latynina estaba por desvanecerse, a la gimnasta se le preguntó su opinión y, más allá de mostrar una especie de recelo, la exgimnasta motivó a Michael a conseguirlo.

“No me amargaría si lo hiciera […] Solo puedo desearle lo mejor porque soy una gran admiradora de su talento. Disfruto verlo nadar”, dijo Larisa.

Y Phelps cumplió con las expectativas. El ya histórico nadador concluyó la obra para erigirse como el atleta más condecorado de todos los tiempos. En las albercas londinenses, el Tiburón de Baltimore sumó otros cuatro oros y dos platas a su historial para tener un total de 22 medallas, logrando en esta edición desbancar a Latynina como la atleta con más preseas olímpicas en la historia. 48 años después, el trono del olimpo cambiaba de poseedor.

“El récord persisitió durante 48 años. Ya era hora de que se fuera renovando”, mencionó Latynina, quien pese a ver cómo cayó su récord aún estaba segura de que una atleta (mujer) no lo lograría en mucho tiempo.

Para Río 2016, sin nada más que demostrar, Phelps regresó a sus últimos Juegos Olímpicos en una especie de despedida por el mero gusto de hacerlo y vaya que se notó. Cinco oros y una plata más, por si le hacían falta, cerraron la cuenta de Michael en una cantidad que parece imposible de alcanzar por varios años.

28 medallas, distribuidas en 23 oros, tres platas y dos bronces para Phelps dieron por terminada la carrera olímpica entre dos atletas de distintas épocas: la gimnasta de la URSS y el nadador de Estados Unidos, una competencia en la que, a diferencia de otras ‘confrontaciones’ entre ambas potencias, los grandes ganadores fueron el deporte y el mundo entero, que disfrutó una historia entre barras, anillos, vigas y albercas.

admin

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