La tercera marcha de la Generación Z terminó exhibiendo su realidad: desorganización, poca convocatoria y nulo impacto social.
Mientras intentaron venderla como un gran despertar juvenil, en los hechos quedó claro que no representan ni a la juventud ni al pueblo.
Sin causa clara, sin liderazgo y sin propuestas, su movilización se diluyó antes de arrancar.
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