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La precaida del ICE ante muerte de Alex Pretti.

Prediccion política.  La columna.

Por Antar Moisés N.

Estados Unidos se debería ver al espejo y no gustarles  lo que están viendo.. 

Incluso algunos republicanos comienzan a deslindarse  de Donald Trump.. 

La muerte de Alex Pretti, enfermero de cuidados intensivos y ciudadano estadounidense, abatido por agentes federales del ICE en Minneapolis, no es solo una tragedia individual. Es un síntoma alarmante de algo más profundo: el momento en que un Estado comienza a justificar la violencia antes que explicarla.

Pretti no era un criminal buscado. No era una amenaza pública. Era un profesional de la salud, alguien que dedicaba su vida a salvar otras. Sin embargo, en cuestión de segundos, terminó convertido en otro nombre dentro de una lista dolorosamente larga de muertes a manos de autoridades que después alegan procedimientos.. 

Ahí está el problema: la percepción se ha vuelto suficiente para disparar, pero nunca suficiente para rendir cuentas… 

La peligrosa normalización de la fuerza

Cada vez que un caso así ocurre, la narrativa oficial se activa casi de inmediato. Se habla de riesgo, de tensión, de decisiones tomadas en fracciones de segundo. Pero rara vez se habla de proporcionalidad, de responsabilidad o de por qué la vida de un civil termina valiendo menos que el margen de error de un operativo… 

Cuando la fuerza letal se vuelve recurso frecuente, el mensaje que recibe la ciudadanía es claro: el Estado tiene miedo… y cuando el poder actúa desde el miedo, suele hacerlo sin límites… 

Lo que pasó con Pretti no puede analizarse como un hecho aislado. Forma parte de una cultura institucional donde la autoridad se protege a sí misma primero, y explica después si es que explica. Esa inversión del orden es profundamente peligrosa para cualquier democracia… 

Las protestas que hoy recorren ciudades de Estados Unidos no son solo actos de indignación; son actos de desconfianza. Son el reflejo de una ciudadanía que siente que las vías institucionales no bastan, que los mecanismos internos no garantizan justicia y que la única forma de ser escuchados es ocupando el espacio público… 

Y cuando miles de personas salen a la calle en pleno invierno, no lo hacen por ideología: lo hacen por hartazgo… 

La gente percibe que las agencias federales operan con un margen de impunidad demasiado amplio. Que la línea entre seguridad y abuso se ha vuelto borrosa. Y que, si no se exige un alto ahora, mañana puede ser demasiado tarde… 

Aunque el ICE es una agencia enfocada en temas migratorios, lo que está en discusión aquí va mucho más allá de fronteras o estatus legales. Estamos hablando del uso de la fuerza del Estado contra civiles, del valor de la vida frente al poder armado y de los límites que una sociedad democrática debe imponer a quienes actúan en su nombre… 

Porque cuando un ciudadano puede morir en una interacción con agentes federales sin que haya claridad inmediata, transparencia total y consecuencias visibles, el problema ya no es operativo: es estructural… 

Este caso marca un antes y un después en la conversación pública estadounidense. No solo por el dolor que provoca, sino por lo que simboliza: la sensación de que la autoridad ha dejado de sentirse cercana y protectora, para volverse distante y temida.

Ningún país puede sostener su estabilidad cuando sus ciudadanos sienten más miedo de sus instituciones que confianza en ellas… 

La democracia no se mide por la fuerza de sus agencias, sino por la capacidad de controlarlas, investigarlas y, si es necesario, sancionarlas. Sin eso, lo que queda no es orden: es imposición.

Lo que se vive hoy en Estados Unidos no es solo enojo. Es una sociedad despertando ante la posibilidad de que la violencia institucional se normalice. Y cuando eso ocurre, el silencio se vuelve complicidad.

Alex Pretti ya no puede hablar. Pero su muerte está diciendo algo con fuerza: ningún gobierno debería tener más facilidad para disparar que para rendir cuentas.

Si esta tragedia no abre un debate profundo sobre el uso de la fuerza, la supervisión de las agencias federales y el valor real de la vida civil, entonces el problema no será solo lo que pasó en Minneapolis… sino lo que podría repetirse mañana en cualquier otra ciudad.

Y esa es una idea que debería quitarnos el sueño a todos.

Antar Moisés N.

admin

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