
Columna por Antar Moises N.
En el enorme esquema de la política del estado de Campeche, Ciudad del Carmen suele ser un termómetro de frío y calor de inconformidades y esperanzas.
En ese escenario, el nombre de Pablo Gutiérrez Lazarus aparece con una fuerza que incomoda a sus adversarios y entusiasma a buena parte de los carmelitas.
A diferencia de muchos políticos de la región, Pablo ha logrado lo que pocos: ser querido por la gente común, por el comerciante que abre temprano su negocio, por la familia que batalla con el costo de la vida y por el trabajador petrolero que exige mejores condiciones. Su estilo cercano, directo, sin la parafernalia de los viejos sectores políticos qué tenían el control dictatorial, este encargado del despacho de la presidencia local ha cimentado una relación de confianza con la ciudadanía.
Gutiérrez Lazarus no se ha librado de críticas ni de campañas en su contra la política en Campeche nunca ha sido un terreno pasivo ser un servidor publico del pueblo pero ha conseguido lo más valioso: credibilidad popular.
En un tiempo en el que la clase política se encuentra desacreditada.
El simple hecho de que un alcalde sea saludado con afecto en la calle, o que sus giras barriales se transformen en diálogos genuinos con la gente, es ya un capital político envidiable.
En Carmen se dice que Pablo “escucha y responde”. Y precisamente esa cercanía la que ha marcado la diferencia. Más allá de los números o de los proyectos de infraestructura, el ciudadano percibe que existe un liderazgo preocupado por las necesidades reales, no por la foto ni por el aplauso fácil.
Falta ver hasta dónde le alcanzará este respaldo. En política, el cariño del pueblo es un tesoro frágil, que exige resultados y congruencia permanente.
Lo cierto es que hoy, en Ciudad del Carmen, Pablo Gutiérrez Lazarus representa un fenómeno raro: un político querido, respetado y con futuro.
Que opinan.
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Prediccion política. La columna.










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