
La inquietud de Alito: cuando la sombra de la Fiscalía incomoda al poder
Por años, Alejandro Alejandro Moreno ha intentado proyectarse como un dirigente firme, combativo y capaz de enfrentar al Gobierno federal. Sin embargo, la sola mención del nombre de Ernestina Godoy como posible Fiscal General de la República provocaba en él una reacción que revela más de lo que intenta ocultar.
El líder del PRI advierte que la designación de Godoy abriría una “etapa de persecución política”. La frase, repetida con la intención de posicionarlo como víctima, termina funcionando al revés: exhibe que sabe exactamente dónde están sus flancos y qué expedientes podrían volver a respirar en cuanto cambie el mando en la FGR.
Porque la preocupación de Moreno no es ideológica ni institucional. No se trata de defender la autonomía del Ministerio Público ni de preservar el equilibrio democrático. Su inquietud tiene un domicilio claro: Campeche, donde la actual administración estatal ha documentado presuntas irregularidades en el patrimonio que el dirigente priista acumuló durante su carrera política. Un imperio inmobiliario que, según diversas acusaciones, difícilmente corresponde al ingreso de un servidor público promedio.
La llegada de Ernestina Godoy, exfiscal de la Ciudad de México, implica para Moreno la posibilidad de que las investigaciones salgan del congelador. La narrativa de “persecución” busca blindarlo políticamente antes de que la ley lo alcance jurídicamente. Es un manual conocido: anticiparse, victimizarse y convertir un procedimiento legal en un ataque personal.
La otra realidad, la que Morena y el Gobierno federal intentan subrayar, es que por primera vez en años un dirigente nacional del PRI podría enfrentar a la Fiscalía “como cualquier ciudadano”. Y ese, para quienes han vivido décadas bajo acuerdos tácitos de inmunidad, es un escenario profundamente incómodo.
Lo que está en juego no es únicamente el relevo en la Fiscalía General de la República, sino el mensaje que envía: la era en la que ciertos políticos asumían que nunca serían investigados podría estar acercándose a su fin.
Entre acusaciones cruzadas, discursos de advertencia y autoexoneraciones mediáticas, la pregunta central permanece:
¿Teme Alito una fiscal que el dice es afín al Gobierno o teme una fiscal que simplemente decida mirar hacia donde antes nadie miraba?
Que opinan.
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