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El turismo en México en picada.

La belleza turística del caribe mexicano explotó hace tiempo, pero quienes deberían poner orden parecen más preocupados por la imagen que por la realidad: precios exorbitantes, abusos en tarifas de hospedaje y servicios, invasión de negocios irregulares y un modelo turístico que ya no es sostenible para nadie ni para los visitantes, ni para los habitantes, ni para el futuro del puerto.

¿Dónde está la Secretaría de Turismo?

En un momento donde Tulum exige manos firmes y visión estratégica, la Secretaría de Turismo federal ha mantenido un papel discreto, casi ausente. Resulta incomprensible que un destino que aporta millones de dólares al país esté librando esta batalla prácticamente solo, mientras las autoridades parecen reducir el problema a simples “excesos del mercado”.

La realidad es más seria: turismo sin regulación, crecimiento desordenado, especulación inmobiliaria y un ambiente donde algunos actores, aprovechando su peso económico o mediático, intentan operar bajo sus propias reglas.

La intervención de Profeco: un mensaje claro

La Procuraduría Federal del Consumidor tuvo que entrar donde otros no quisieron. Inspecciones, sanciones y hasta cierres temporales de hoteles enviaron una señal inequívoca: el abuso contra el turista no será tolerado.

Es importante subrayar que, aunque mediáticamente se mencionó a figuras conocidas del espectáculo o del ámbito empresarial, las verificaciones se hicieron a establecimientos, no a personas, y los procedimientos aún deben seguir su cauce legal.

La pregunta es inevitable:

¿Hasta dónde tiene que llegar la situación para que la autoridad turística tome el control?

¿Quieren hundir a Tulum?

A veces da la impresión de que ciertos intereses prefieren mantener a Tulum en un caos administrado: crecimiento sin freno, tarifas por los cielos, playas privatizadas y un discurso de “paraíso” que se cae a pedazos apenas se pisa el terreno.

Pero hundir Tulum no solo afecta al turismo: afecta al empleo, a la economía local y a la imagen del país.

¿Debe intervenir la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo?

México tiene destinos estratégicos que merecen atención presidencial e interinstitucional. Y la situación de Tulum ya dejó de ser un tema local; es un asunto nacional de economía, reputación y visión a futuro.

Una intervención directa de la presidenta no sería una intromisión, sino un gesto claro de que el turismo debe volver a ser regulado con justicia, orden y planeación.

Podría significar:

Una auditoría integral del modelo turístico de Tulum

Revisión de concesiones, permisos y prácticas comerciales

Protección del medio ambiente, hoy profundamente amenazado

Defensa del turista, del consumidor y, sobre todo, del habitante local

Tulum no necesita más espectáculos, necesita Estado.

Conclusión

Mientras unos callan, otros se benefician y muchos sufren las consecuencias, Tulum sigue en riesgo.

Hoy más que nunca hace falta autoridad, firmeza y visión de país.

Y si la Secretaría de Turismo no quiere o no puede asumir ese papel, quizá sea momento de que Claudia Sheinbaum Pardo marque un antes y un después en el rumbo del turismo nacional.

Tulum no puede esperar más.

admin

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