La postal es poderosa: Xi Jinping al centro, flanqueado por el líder norcoreano y el eterno zar ruso, mientras la maquinaria militar desfila como si quisiera sacudir el tablero global. Trump, que siempre reclamó ser el único capaz de controlar a esos “rivales”, observa ahora cómo se coordinan sin necesidad de sus mediaciones televisivas.







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